–¿Eras un rebelde?–Nunca fui demasiado bardero, siempre preferí hablar. Si había un lío, yo estaba metido, pero no era el que lo generaba. No tenía 250 amonestaciones, era más prolijo, aunque me encantaba salir y divertirme.
–¿Y te iba bien con las chicas?–Sí, no me puedo quejar; si no mis amigos me van a decir de todo. Tampoco era…
–¿Tampoco era como ahora? –No, ahora tampoco es como algunos pueden imaginar. Yo soy muy enamoradizo y siempre me gustó la difícil y complicada, aunque valoro a las mujeres que encaran. Mi estado natural es básicamente el noviazgo, que en su mayoría fueron cortos. Aunque los años cambian un poco las cosas…